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DOS TOPÓNIMOS OSCUROS: CACHORRILLA Y PESCUEZA Pocos pueblos extremeños están individualizados por topónimos tan singulares como los que presentan dos pequeñas localidades del noroeste de la provincia de Cáceres. Nos referimos a Cachorrilla y a Pescueza (lugares que tradicionalmente han formado parte de la histórica Tierra de Coria), de orígenes imprecisos y a cuyo estudio sólo podemos acercarnos mediante hipótesis que no deberían considerarse excluyentes, sino complementarias. Sobre el origen de Cachorrilla hay pocas respuestas medianamente claras. Es bastante probable que después de las Navas de Tolosa (1212) el reino de León acometiese la roturación de las tierras situadas entre el Alagón y el Tajo coincidiendo con un repunte de la población, como sostiene Bernal Estévez1. Una vez consolidado el dominio cristiano de estos terrenos bajo la protección de Coria, probablemente se iniciaría el trasiego de ganados trashumantes en sus desplazamientos norte-sur. Pero ¿cuándo? El Libro de la Montería, escrito hacia 1345, no aporta indicio alguno de que existieran poblaciones rurales en las cercanías. Entre 1385 y 1386 un ejército portugués a las órdenes del rey Juan I sitia la ciudad de Coria y, aunque no llegó a tomarla, sabemos que sus campos circundantes fueron talados2.
1 Ángel Bernal Estévez, Poblamiento, transformación y
organización social del espacio extremeño (siglos XIII al XV). Editora Regional.
Cáceres. 1998, p. 36. Si esta pequeña población, junto con las de Pescueza y Portaje, hubiera existido por aquel entonces, habría quedado arrasada y de tal desastre algún eco recogerían las crónicas. Nos inclinamos a pensar que sería después de la guerra con Portugal cuando colonos procedentes del norte del reino, acaso pastores mesteños y gentes de los alrededores del alfoz cauriense, comenzaran a repoblar estas tierras en busca de pasos naturales en alineamiento hacia Alcántara con el fin de vadear el río Tajo y Alconétar3. Las primeras referencias documentales de las que tenemos constancia arrancan de 1479, refiriéndose al deslinde de una cañada4. En 1497 volvemos a encontrar noticias sobre nuevos amojonamientos entre los lugares de Cachorrilla, Pescueza y Portaje5, que se repiten en 15276. Así, pues, si tenemos en cuenta que a un lugar primero llegan los colonos –tal vez una generación cuya esperanza de vida rondaría los 40-50 años–, luego las leyes y el ordenamiento que rigiesen la convivencia y, por último, la fecha del primer documento que registra el topónimo Cachorrilla, la fundación de esta localidad y la de sus alrededores coincidiría con los acontecimientos descritos7. 3 Bienvenido García Martín, El paisaje agrario de la Tierra
de Coria. Sus transformaciones e incidencias. Ediciones de la Universidad de
Salamanca. Salamanca. 1985, p. 506. Entre 1517 y 1523 Fernando Colón en su Cosmografía vuelve a recoger el topónimo cuando describe el itinerario que todo viajero debía seguir para adentrarse en los parajes montuosos de La Cachorrilla8, respetando el significante del sustantivo determinado por el artículo, acreditado desde los primeros documentos que se conservan. En 1784 Antonio Ponz deja constancia de las deficientes comunicaciones que unían a esta localidad con Coria y con el resto de los pueblos de alrededor9. Unos cuantos años más tarde Tomás López nos informa de la naturaleza de realengo que posee la villa, pero además nos comenta en la respuesta número 7 de su interrogatorio que “no he podido adquirir quándo, ni por quién se fundó este lugar”10, dando por sentada la imposibilidad de explicar el origen del nombre del lugar. Pero a este autor ilustrado debemos el primer intento de desentrañar el sentido del macrotopónimo mediante la etimología popular: “Su nombre es como va expresado, fuera de que ha tenido noticias que devía llamarse Canchorrilla, porque dicen trae la denominación de los Canchos de Ramiro”11. Llorente Maldonado afirma que “cuando un topónimo no dice nada a los hablantes, cuando son opacos, frecuentemente lo interpretan a su manera, para lo que tienen que introducir modificaciones en el significante, generalmente sólo en el aspecto fónico del mismo, pero también a veces en el análisis y estructuración de sus elementos formales”12, unas palabras que sintetizan el esfuerzo que realizó el párroco encuestado del lugar de Cachorrilla por hallar otra forma léxica afín y reconocible que permitiese entender el contenido semántico del topónimo, acercándolo a “cancho”, que la Academia definía en 1817 como “el peñascal o sitio poblado de cantos ó piedras”13.
8 Fernando Colón,
Descripción y cosmografía de España. Manuscrito de la Biblioteca Nacional,
imprenta del Patronato de Administración Militar. Madrid. 1905-1915 (de
1517-1523).: “[…] en saliendo de coria abaxamos una cuesta questara un tiro
de ballesta e pasamos a alagon por puente que corre a mano derecha e fasta la
cachorrilla ay dos leguas e van por la pescueça una legua e tres quartos e fasta
gata ay cinco leguas e van por calçadilla ay dos leguas pequeñas de syerras todo
e a una legua subimos un portezuelo questara un cuarto de legua de abaxada e
subida”, t. I, p. 187. Esta interpretación a simple vista no parece plantear excesivas dificultades si observamos la orografía escarpada de ciertos lugares del término municipal, pero los problemas nos asaltan desde el instante en que hay que explicar la reducción de la nasal /n/ en situación implosiva ante la consonante palatal sorda /cˆ /. Y aparte de la cuestión fonética, la etimológica es casi aún más inflexible, porque partiendo de que no conocemos con certeza el étimo de ‘cancho’, las soluciones más destacadas apuestan por una forma latina CALCULUS (>*CANCLU) defendida por Leite de Vasconcelos y una latino-vulgar *CANTULUS (> *CANTLU) por García de Diego, como resumen Corominas y Pascual, en cuyo Diccionario Crítico Etimológico a su vez catalogan el vocablo como un occidentalismo (DCECH, s.v. ‘cancho’). Ambas hipótesis no contemplan la pérdida de la nasal, más bien lo contrario: la consonante /n/ es generada con persistencia en los grupos romances -ncl- y -ntl-. De hecho, no hemos encontrado en ninguno de los vocabularios regionales ni dialectales consultados la asimilación de la nasal a la prepalatal, y menos en nuestra comarca, que participa de lleno en occidentalismos destacados. Sería un caso atípico. Por lo tanto, si consideramos que la documentación histórica más antigua que conservamos (de 1479) alude de forma directa al topónimo La Cachorrilla, es harto probable que la forma Canchorrilla resulte de una desviación popular del nombre de lugar originario. Pascual Madoz apenas aporta datos relevantes acerca del lugar. Presenta el macrotopónimo con la forma simple Cachorrilla, del que nos informa que se sitúa en un terreno que “participa de monte y llano; la parte montuoso se compone de pequeñas colinas sin formar cordillera; todo en él es tenaz, de secano y pizarroso” 14. Vicente Paredes Guillén aborda la explicación etimológica de la palabra con una interpretación forzada y sin rigor filológico: de ‘caría’ “alquería” y ‘chat’ “río”, por lo tanto “alquería a la orilla” o “cacho o pedazo a la orilla del río”15.
La novedad que introduce este autor reside en relacionar en cierta medida el topónimo con el término ‘cacho’, forma que hoy sólo subsiste en acepciones secundarias según el DCECH (s.v. ‘cachorro’), ya que los étimos que propone son inaceptables.Los estudios más actuales no descartan la idea de que Cachorrilla encierre una designación zootoponímica, es decir, que se refiera directamente a algún animal. De esta manera, el macrotopónimo, como argumenta J. A. González Salgado16, ha tomado como fuente de inspiración el discutido apelativo del latín vulgar *CATTULUS, procedente de la reduplicación afectiva y diminutiva del latín CATULUS (DCECH, s.v. ‘cachorro’) con el valor de “perro de poco tiempo” o “hijo pequeño de otros mamíferos, como león, tigre, lobo, oso, etc.” (DRAE, s.v. ‘cachorro’, aceps. 1ª y 2ª), que en el habla de la comarca de Coria definiría al “cachorro de lobo” según John Cummins17. En esta misma línea interpretativa se sitúa A. Mª Castaño, que cataloga con reservas de zootopónimo diminutivo el nombre de este pueblo18. Y efectivamente ésta es nuestra opinión. Resulta extraño que una localidad, aunque haya podido tener su origen en un asentamiento de pastores tal vez relacionados con la Mesta, como apuntamos en la introducción histórica, adopte el nombre de un animal, cuanto más en una derivación diminutiva. El significado del topónimo Cachorrilla se nos escapa por la falta de documentación y por la imposibilidad de relacionarlo con otros topónimos homónimos de la Península. Madoz no menciona en su ingente obra ninguna otra forma que se le parezca, y sólo en Portugal, como señala Castaño Fernández, hallamos topónimos que guarden afinidad: Cachorrela en Marco de Canaveses y Heredade da Cachorreira en Arraiolos19. Incluso resulta difícil y oscuro vincular este vocablo con la serie onomatopéyica KACH-, presente en el variado grupo de formas hispanas ‘cacho’ “pedazo”, ‘cacha’ “cosa redonda”, portugués ‘cachola’ “pescuezo, colodrillo”, etc., como dice García de Diego20. 16 J. A. González Salgado, “Orígenes y
clasificación de la toponimia mayor extremeña”. Comunicación presentada en el
VI Congreso Internacional de la Historia de la Lengua Española. Universidad
Complutense. Madrid, 29 de septiembre de 2003, p. 13. Y tal y como sucede con la localidad de Cachorrilla, apenas tenemos noticias ciertas sobre la fundación del asentamiento de Pescueza. Fue probablemente después de la mencionada batalla de las Navas de Tolosa cuando Alfonso IX de León promovió las primeras roturaciones del territorio, o tal vez la Catedral de Coria por ejercicio del derecho de “pressura”, a cargo de pequeños grupos de colonos, coincidiendo con el crecimiento demográfico que hubo de experimentarse en la Transierra leonesa21. Una vez que la zona fue asegurada militarmente, los ganados trashumantes comenzarían a cubrir la ruta norte-sur y a frecuentar los campos de pastos. Pero hablar de un asentamiento estable, que cristaliza en la fundación de un lugar, es otra cosa, pues el Libro de la Montería nada dice de núcleos poblados alrededor de Coria a la otra orilla del Alagón y frontera con el río Tajo; y si entre 1385 y 1386 los portugueses talaron y saquearon los alrededores de la Ciudad, como ya vimos en uno de los párrafos dedicado a Cachorrilla, y ninguna crónica o documento menciona las enormes pérdidas que supuestamente habrían de padecer estos lugares de su alfoz, de haber estado ya fundados y constituidos, lo más lógico es pensar que el triángulo Portaje-Pescueza-Cachorrilla, alineado en torno a los pasos naturales que vadean el Tajo por Alcántara22, apareciese una vez concluida la guerra entre Juan I de Portugal y Juan I de Castilla. Entonces pastores y ganaderos procedentes del norte y deotros lugares del mismo alfoz de Coria iniciarían la tarea de repoblar estas tierras y de explotar sus pastos23. De hecho, las primeras referencias en las que se cita el macrotopónimo Pescueza son de 1479, es decir, fecha muy próxima al desarrollo de los acontecimientos históricos narrados. Pero llama la atención que los primeros documentos rescatados, expedientes de deslindes y amojonamientos, mencionen La Pescueza presentado por el determinante la: “Concurrencia de los lugares de la Portaje, Cachorrilla y de la Pesqueza, de esta jurisdizion: de una cañada, la que señalaron desde el camino que ba de la Portaje para la Pesqueza”24 y “[…] en el dicho conçejo e buenos hombres se la Pescueza e asi mesme el conceçjo e omes buenos de la Cachorrilla disiendo que ellos tenian fechos barvechos ally e que rescibirian grand daño sy la dicha cañada se oviese por alli”25
21 Ángel Bernal Estévez, Op. cit.,
p. 36. En 1523 Fernando Colón repite el topónimo con la misma construcción: “[…] pasamos a alagon por puente que corre a mano derecha e fasta la cachorrilla ay dos leguas e van por la pescueça […]”26. Pero en la mención del lugar que Antonio Ponz nos proporciona el artículo ha desaparecido27, de tal manera que el Interrogatorio de la Real Audiencia parece consagrar la reducción del nombre del lugar al simple núcleo nominal Pescueza, como se aprecia en la respuesta nº 1: “[…] este dicho lugar llamado Pesqueza distante dos leguas de la ciudad de Coria, a cuya jurisdicion esta sugeto, esta situado quasi al poniente de dicha ciudad […]”28. Es cierto que Pescueza es un topónimo de formación y significado singulares, apenas existente en otras regiones de la Península. Madoz sólo incluye en su Diccionario histórico-geográfico un término afín, Pescozo 29, y no creemos que sea homónimo por las características geográficas tan peculiares que posee la población cacereña. Paredes Guillén interpreta el topónimo sirviéndose de un desmembramiento del significante en pes y cueza, y procediendo seguidamente a una valoración semántica que, a nuestro entender, resulta poco feliz. Según este autor Pescueza es el lugar “donde se cuerean ó pagan en especie los piés ó pisas de uva ó de aceite. La parte proporcional del producto de una prensada ó pié de aceituna óuva, que hay que pagar por la elaboración, se llama cueza”30. Aunque básicamente acierta en la explicación del segundo elemento del topónimo, el vocablo ‘cueza’, que es definido por el Diccionario de Autoridades de 1780 como “cierta medida de granos” (s.v. ‘cuesa’ o‘cueza’), se deja llevar por la etimología popular en el caso del primer formante, el lexema pes, que lo hace derivar del latín PES, PEDIS. El resultado final de la explicación semántica es, como consecuencia, muy forzado.26 Fernando Colón, Op. cit., t. I, p.
187. También dudamos de que el término Pescueza provenga del significado literal de ‘pescuezo’, un compuesto del latín POST- ‘detrás de’ y una base incierta *COCCIUS ‘cogote’, que por disimilación de ‘poscoço’ en ‘pescoço’ (> -ueço) no plantea dificultad, como explica Corominas31 y respeta el DRAE, que define la palabra como “parte del cuerpo animal o humano desde la nuca hasta el tronco” (acep. 1ª). Ni tampoco creemos que proceda de la errónea etimología que ofrece Covarrubias en el Tesoro, que se inspira en el latín ‘cuello’ < COLLUM: “Pescueço: ordinariamente se toma por el cuello largo, de donde se dixo pescozón y pescoçada, el golpe que se da en él; y entiéndese en la parte que cae al colodrillo, y assíse dixo de post y de collum, por la parte trasera del cuello: corrompiéronlo y de poscuello dixeron pescueço”32. Fernando Colón aporta algunas referencias que creemos que son relativamente esclarecedoras para aproximarnos a la hipotética motivación semántica del topónimo. Por una parte se refiere al lugar que en un primer momento designó La Pescueza como ‘Las Pescueças’33, insertando un morfema de número plural que ya poco o nada tiene que ver con el “cuello” o con las “medidas de grano”. Y por otra, nos informa del terreno abrupto e irregular del paisaje34. En la misma línea Pascual Madoz escribe: “Situado en una hondonada formada por varias colinas”35. Estas descripciones físicas del terreno resultan relevantes en la medida en que podemos observar cierta intencionalidad topográfica en la naturaleza del macrotopónimo. 31 J. Corominas y J. A. Pascual,
Diccionario crítico-etimológico
castellano e hispánico. Ed. Gredos. Madrid. 1976, s.v. ‘pescuezo’. El Diccionario de Autoridades también definía en 1780 el vocablo ‘cuezo’ con el valor de “artesilla de madera en que amasan el yeso los albañiles”, y en 2ª acepción “cuébano pequeño”. Los diferentes léxicos regionales inciden en este valor semántico; por ejemplo, Viudas Camarasa da para ‘cuezo’ el significado de “vasija grande de cinc donde se echa la leche después de ordeñar” en el Casar de Cáceres36; Pilar Montero Curiel registra ‘cuezo’ como “vasija de barro para endulzar las aceitunas y conservar los quesos con aceite”37 en Madroñera (Cáceres) y Lamano registra ‘cuezo’ y ‘cueza’ como “cuévano”38 en Salamanca. Se trata, pues, de la acepción ya comentada por Corominas cuando dice que “el moderno ‘cuezo’ “tina, artesa, cacharro”, aplicado por comparación a la forma cóncava del cogote, como el “colodrillo”, es derivado de ‘colodra”39. Por lo tanto, Autoridades, Corominas (refiriéndose a la “forma cóncava”) y Lamano Beneite aportan valores semánticos que permiten relacionar el nombre de Pescueza con la oronimia, concretamente, como expresa Castaño Fernández, con una alusión a un “terreno hundido”40 o a una depresión entre varias colinas, mediante un procedimiento tan recurrente en la toponimia como es la metáfora, la identificación de las partes del cuerpo humano, animal o simplemente de objetos con los accidentes físicos y geográficos del paisaje, como “cabeza”, “lomo”, “pico”, “boca”, “garganta”, “sierra”, “cuello”, “muela” o “cuezo”. Y en este contexto alusivo a las características geográficas del terreno es donde cobran valor: a) la forma de plural de Fernando Colón Las Pescueças, por cuanto están designando las diferentes laderas que al converger forman la “hoya” de Pescueza, y b) la presencia del antiguo artículo femenino la, porque está de alguna forma individualizando la localización del paraje. 36 Antonio Viudas Camarasa, Diccionario extremeño. Cáceres. 2ª
edición. 1988, s.v. ‘cuezo’.
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